
En Perros.
Al igual que en los humanos, la sangre de los perros se clasifica en distintos tipos.
La diferencia entre un tipo de sangre y otro radica en la superficie de los glóbulos rojos, células encargadas de transportar oxígeno por todo el cuerpo. En sus membranas se encuentran proteínas llamadas antígenos, que pueden presentarse en hasta ocho tipos diferentes en los perros.
Si un perro recibe una transfusión de un tipo de sangre distinto al suyo, su sistema inmunológico detectará los glóbulos rojos como invasores y los atacará, lo que podría comprometer su vida.
Por ello, la determinación del grupo sanguíneo es fundamental en transfusiones, donaciones e incluso en algunos casos de gestación. Sin embargo, los perros tienen una particularidad: no poseen de forma natural anticuerpos contra otros grupos sanguíneos. Esto significa que, en una situación de emergencia, es posible realizar una primera transfusión con una simple prueba de compatibilidad, con un riesgo mínimo, incluso sin conocer el tipo sanguíneo exacto. No obstante, tras la exposición a una sangre diferente, el organismo del perro generará anticuerpos en un plazo de 5 a 7 días, lo que podría causar una reacción en una segunda transfusión si los grupos no coinciden.
En los perros, el sistema de clasificación sanguínea se denomina DEA (Dog Erythrocyte Antigen) y distingue hasta ocho grupos: DEA-1.1, DEA-1.2, DEA-3, DEA-4, DEA-5, DEA-6, DEA-7 y DEA-8.
Una curiosidad en los perros es que no nacen con anticuerpos preformados contra otros grupos sanguíneos. Por ello, es poco probable que su sistema inmunológico reaccione negativamente en una primera transfusión, aunque la sangre no sea completamente compatible. Sin embargo, pasados aproximadamente cuatro o cinco días, su organismo desarrollará anticuerpos que podrían generar complicaciones en futuras transfusiones si la sangre del donante no es compatible.

En gatos.
En los gatos, el sistema de clasificación sanguínea es el AB, que comprende tres grupos: A, B y AB.
El grupo A es dominante sobre el B, y la frecuencia de cada tipo varía según la raza y la ubicación geográfica. En general, el grupo A es el más común, mientras que el AB es el menos frecuente.
A diferencia de los perros, los gatos poseen aloanticuerpos naturales contra otros grupos sanguíneos, incluso si nunca han recibido una transfusión. Esto significa que una transfusión con sangre incompatible, aunque sea de menos de 1 ml, puede provocar una reacción grave o incluso fatal. Por esta razón, es imprescindible comprobar la compatibilidad entre el donante y el receptor antes de cualquier transfusión, incluso en la primera vez.
Los gatos del grupo A tienen anticuerpos débiles contra el grupo B, mientras que los gatos del grupo B presentan anticuerpos muy potentes contra el grupo A. Debido a esto, la gravedad y el riesgo de una reacción hemolítica por incompatibilidad dependen de los grupos sanguíneos involucrados en la transfusión.
Actualmente, existen en el mercado diversos tests comerciales para identificar el grupo sanguíneo de los gatos (A, B o AB) y para determinar si un perro es positivo o negativo al antígeno DEA-1.1.
Estos tests se basan en técnicas de aglutinación mediante antisueros monoclonales o policlonales, ya sea en tarjetas o a través de una reacción cromatográfica en cartuchos de fácil lectura. También está disponible una prueba más específica, similar a las empleadas en medicina humana, que utiliza una reacción en columna de gel en microtubos.